Aquí ni vírgenes, ni prostitutas.
Nunca he visto o escuchado que se le exija al hombre al mismo nivel que a
la mujer: Que si el cabello, que mi falda está muy corta, que si tomamos,
que si fumamos, que si tenemos hora de dormir, ESTOY ABURRIDA.
Esta vigilancia constante sobre el cuerpo femenino no es nueva, no nació
con TikTok ni con Instagram. Tiene raíces profundas en cómo históricamente
se ha pensado a la mujer, especialmente desde la psicología, la moral y la
religión.
Hablemos del
“Complejo de Virgen-Prostituta” o Madonna-Whore
Complex:
Una dicotomía psicológica que reduce a las mujeres a solo dos
posibilidades. Este pensamiento machista surge en 1905, cuando
Sigmund Freud expone esta idea en su obra
"Tres ensayos sobre la teoría sexual", donde plantea que el
primer amor de un hombre es su madre, vista como una figura pura e
intocable. Al crecer, algunos hombres separan el amor del deseo
sexual: respetan y aman a unas mujeres pensando que no merecen
sentir placer, y desean sexualmente a otras, como resultado de la
represión sexual y la moral conservadora de su época.
“Donde los hombres aman, no tienen deseo y donde desean, no pueden
amar”
- S. Freud.
Aunque suene linda la idea de ser amadas y no deseadas, esto
conlleva a algo más grave: La idea de que las mujeres no deben
sentir placer en forma de tabú, es extraño, ya que tenemos un órgano
que solo sirve para darnos los mejores orgasmos y a muchas mujeres,
o para ser exacta a más de 230 millones de mujeres y niñas
solo en los 30 países de África, el Oriente Medio y
Asia han sufrido mutilación genital femenina debido a la
religión.
Aquí entra la religión. Cabe aclarar que no importa si eres
creyente o no, las reglas parecen ser las mismas para todos, o al
menos eso nos han hecho creer. En la práctica, el dress code de la
iglesia es mucho más estricto con las mujeres: se nos juzga por los
hombros, la falda, el escote, el cuerpo. Lo irónico es que ese mismo
cuerpo que se censura dentro de la iglesia es el que se sexualiza
afuera. Esta censura no busca proteger a la mujer, sino evitar que
“provoque” el deseo masculino. Y lo peor del caso es que quienes
juzgan nuestra vestimenta no son Dios, sino los feligreses, porque
en ninguna parte de la Biblia se especifica cómo debe vestirse una
mujer.
No estamos progresando como sociedad, a mi parecer el esfuerzo del
feminismo llegó a tal punto que hasta las mujeres critican el
movimiento, con cada década que pasa nos hemos hecho más pequeñas,
ya no es solo el machismo y patriarcado, las redes sociales
viralizan trends que sesgan a las mujeres y nos divide, no es la
primera vez que veo videos hechos por mujeres (para ser más exacta
niñas y jóvenes 15-25 años) donde intentan hacer sentir menos a otra
mujer por fenotipos (tamaño de busto, piernas, etc): De ahí viene la
frase "El mayor enemigo de una mujer es otra"
No dejemos que nadie nos ponga una etiqueta, el "Virgen o
Prostituta" de hoy se disfraza de algo más moderno, pero sigue
teniendo la misma lógica fetichista de los hombres "La sumisa o
la que cree que manda". Las mujeres cada día nos doblegamos más,
confundimos el empoderamiento femenino con sexualización, hace poco
vi un escrito que hablaba de Sabrina Carpenter, yo pensaba que ella
un ícono de empoderamiento femenino, pero veo que en realidad ella
cayó en el fetiche de usar un discurso empoderado, pero sexualizarse
en las canciones, ahí está el error:
Creer que encajar dentro de un molde impuesto es libertad,
cuando en realidad nos clasifican por supuestos tipos de mujeres, lo
correcto sería hacerlo sin intentar agradar a nadie, si quieres ir
por ahí con un mini vestido hazlo si eso te hace feliz (a mi si), si
quieres hablar sobre el sexo y el placer femenino HAZLO.
Por favor, entendamos que todas somos diferentes, tenemos diversos
matices, el problema no es el cuerpo, ni el deseo, ni la decisión individual.
El problema es un sistema que solo sabe relacionarse con nosotras
desde el control, la culpa o el morbo. No somos símbolos, ni
tentaciones, ni fantasías morales. Somos personas completas, con
derecho a sentir placer, a decidir y a existir sin ser vigiladas.
Aquí no hay vírgenes ni prostitutas: hay mujeres cansadas de ser
reducidas, dejemos de intentar agradar, mi forma de resistencia es
el amor propio y la capacidad de incomodar, de cuestionar, de juzgar
si es necesario y de apoyar.
“No te hagas más pequeña para ser más digerible, déjalos que se
atraganten”.
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